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Motril celebra por primera vez en su historia el día en que fue proclamada Ciudad

Todos los motrileños fuimos protagonistas de un acto muy especial el pasado 3 de junio y como alcaldesa fue para mi todo un orgullo haber podido ser testigo de diversos actos institucionales que comenzaron con el izado de la Bandera motrileña en la rotonda de Puntalón, la exposición “Dos Siglos Construyendo Ciudad”, una interesante muestra que destaca el legado que diversos alcaldes de la historia de la ciudad han dejado como impronta en Motril y que estará abierta al público durante todo el verano en el Museo de Historia de Motril.

Y Como colofón final de este importante día se hizo entrega de unas distinciones con motivo de la conmemoración, por primera vez en nuestra historia, de los 357 años de la concesión del título de Ciudad, por parte del Rey Felipe IV.

Tal prerrogativa fue remitida por este monarca un 3 de junio de 1657 en forma de tres cartas, en las que además de reconocer los servicios de la Villa de Motril, le otorgaba, entre otros privilegios, la categoría de Corregimiento, separando su jurisdicción de Granada, de la que dependía desde el 1500.

Estos reconocimientos fueron el resultado de un largo proceso histórico en el que durante años, fueron Motril y sus habitantes los que nutrieron de hombres los ejércitos, además de aportar material y dinero para sostener las distintas guerras en las que se disputaban los reinos.

Es por tanto este título de Ciudad, y las distintas distinciones reales que obtuvo en estos años Motril, un mérito que reside en el pueblo: que emana y nace de su generosidad y del sudor de toda una generación de motrileños que cobijados por el esfuerzo y reforzados por su mismo espíritu de superación, hicieron posible este paso hacia adelante que implicaba una profunda transformación social.

Tras estos favores, la primera vez que el Libro de Actas Capitulares recogió el encabezamiento bajo la fórmula “En la ciudad de Motril…” fue el 16 de junio de 1657, proceso que iría acompañado del nombramiento por parte del Rey del Corregidor de la Ciudad, cuyo cargo fue desempeñado de forma interina por Don Alfonso Ramírez de Vargas, abogado de Granada, quien había actuado como representante de Felipe IV durante el acto de toma de posesión de los reconocimientos otorgados a Motril. Tres años más tarde, en 1660, Don Manuel García de Olivera era designado Corregidor de la Ciudad.

Desde su más antigua historia, Motril ha demostrado ser una tierra forjada de arrestos, tejida por el afán de superación, capaz de hacer frente, con valentía y coraje, la terrible peste que asoló la ciudad en 1679, para encarar el principio del siglo XVII con el arrojo necesario que propició un repunte del cultivo de caña de azúcar, santo y seña de nuestra ciudad. Este “oro dulce” alcanzó su máximo esplendor con la aparición de la máquina de vapor, que aplicada a la industria logró un floreciente sector económico que convirtió a Motril en epicentro de la ruta del azúcar.

De aquel poderío, de ese espíritu emprendedor y entusiasta del que se imbuyeron tantos motrileños, nació una burguesía que dio pie a la aparición de espacios que forman también parte importante del patrimonio e identidad de Motril, tales como la Casa de la Condesa de Torre Isabel, la Casa Garach, o este mismo teatro Calderón de la Barca, que es una de las grandes joyas de nuestro legado.

Para estimular hoy por hoy ese empuje del que se nutrieron nuestros antepasados y que permanece en los corazones de los motrileños del presente, desde el Gobierno municipal hemos querido venir a festejar este Día de la Ciudad. Un reconocimiento al pueblo, y a todas aquellas personas, entidades o colectivos que a través de su tesón siguen consolidando este título de Ciudad bajo un significado más grande que su propio nombre.

Mujeres y hombres que se levantan cada día para engrandecer este Motril y hacerlo amplio y diverso, generoso y paciente, justo e igualitario… en un alarde de orgullo de nuestra tierra, que es lo que a su vez siento por todos y cada uno de mis vecinos.

Los valores de generosidad, entrega, capacidad de sacrificio, coraje y tesón, son de este modo, esos sentimientos, sensaciones y afectos que confluyen dejando su huella en la historia de nuestro Motril y sus gentes, y primer motivo por el que hoy celebramos el Día de la Ciudad: la fecha elegida para dar testimonio al mundo entero de que el mejor legado de esta tierra son los propios motrileños.

Así, en este día concederemos los honores y distinciones a todas las personas y entidades que hacen posible la transformación, el salto hacia un futuro mejor para Motril en distintos ámbitos y facetas de la vida de la ciudad. Un alto en el camino para agradecer y compartir todo lo que se nos da, más allá de lo netamente material, para poder mantenerlo vivo y patente para todos.

En esta senda, y de acuerdo a la aprobación en pleno por parte de la Corporación municipal, pasamos a detallar algunos de los méritos por los que hemos entregado la Medalla de Oro de la Ciudad, máxima distinción que concede el Ayuntamiento de Motril, a Nuestro Padre Jesús Nazareno, Fulgencio Spa Cortés y la Asociación a favor de las Personas con Discapacidad Intelectual de Motril y la Costa Granadina (APROSMO)

Nuestro Padre Jesús Nazareno encarna la tradición de la que se alimenta la ciudad de Motril para conservar sus ritos y costumbres como parte de las señas de identidad de nuestro pueblo.

La Advocación a la Imagen del Cristo, que data de 1635, no solo se ha mantenido gracias a la unión y la fuerza de las distintas juntas de Gobierno de la Hermandad, sino que ha crecido en número de devotos y ganado el cariño y la admiración de todos los vecinos, en especial tras el denominado ‘Voto de la Ciudad’, con el que los motrileños se encomendaban al Santo Padre Copatrón de Motril y nuestra patrona, la Virgen de la Cabeza, para que les protegiese de los terremotos que asolaron la ciudad en 1804 y posteriormente en 1885 y 1886.

Las inmensas muestras de afecto que recoge la imagen cada vez que pone su paso en la calle evidencian la estrecha vinculación que guarda el Nazareno con Motril y sus gentes. A tal efecto, y para que sirva de colofón al 75 aniversario de la llegada a Motril de la imagen del Cristo, se le ha otorgado este reconocimiento.

Pasando al ámbito económico –empresarial, ha sido también galardonado Fulgencio Spa Cortés, conocido principalmente por su faceta emprendedora, a la que a su vez se suma una personalidad poliédrica que ha participado de la cultura, la gestión pública y la dimensión social.

Con Fulgencio nos emocionábamos el pasado mes de noviembre durante la presentación de su libro ‘Memoria íntima’, en el que Spa aporta una selección de textos periodísticos de los más de 2.000 artículos y columnas que ha producido durante su intensa trayectoria como colaborador de distintos medios de comunicación locales y publicaciones.

Su magistral pluma, capaz de dibujar en un relato los paisajes y las formas, hechas de campo y de mar de Motril, han servido para transmitir nuestra historia a buena parte de la sociedad.

Fulgencio ha dejado constancia a través de su obra de lo que somos como motrileños y su significado: un pueblo especial y único, por singular y diferente.

En su faceta como empresario, Fulgencio Spa ha contribuido a que nuestra agricultura, uno de los principales pilares económicos locales, cuente a través de su empresa con una referencia sólida de calidad e innovación. Cientos de motrileños han formado parte de la entidad hortofrutícola Fulgencio Spa trabajando como una familia por y para el campo de nuestra tierra, incluso en momentos de dificultad económica.

El enclave de su empresa, Torrenueva, motivó que Spa se entregara a la gestión del anejo dedicándose en cuerpo y alma a su alcaldía, en la que estuvo al frente durante casi 20 años. Todo un ejercicio de responsabilidad, preocupación por sus vecinos y vocación de servicio. Esta disposición se ha hecho extensible a lo largo de todos estos años mediante el patrocinio y colaboración empresarial con el Ayuntamiento de Motril para la difusión de la cultura, el deporte, las fiestas y la asistencia social.

Y precisamente en lo social, en el trabajo por los colectivos más vulnerables de nuestra sociedad, encaja a la perfección la labor que desarrolla la asociación a favor de las personas con discapacidad intelectual de Motril y la Costa granadina, más conocida como APROSMO.

Una entidad unánimemente reconocida desde el acervo popular como el hogar de la solidaridad por la atención a más de 500 personas con diversidad funcional distribuidas entre los siete centros que dirige, ubicados seis en Motril y uno en Órgiva.

Más de 200 profesionales ponen cada día toda su pasión para materializar esa cita de Séneca que certifica que “No hay bien alguno que nos deleite si no lo compartimos”.

La calidad de vida de cada usuario de Aprosmo es prioridad número uno para el organismo, cuyas premisas son el trato individualizado y la defensa de los derechos de las personas con discapacidad.

 

Una protección que contempla la inclusión social, que pretende que cale en la sociedad que las personas con discapacidad pueden incorporarse al mundo laboral, que pueden desarrollar tareas y son verdaderamente útiles para el proyecto ciudadano, precisamente por ejemplificar todas aquellas situaciones en las que lo tuvimos difícil pero logramos superarlo.

Mahama Gandhi dijo que “Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa”.

Con ese aliento, el Ayuntamiento de Motril quiere trabajar día tras días, codo a codo con sus ciudadanos por seguir construyendo ciudad.

Por ello, además de estas tres Medallas de Oro de la Ciudad, desde la Corporación municipal hemos querido reconocer el valor de otras tantas personas y colectivos que mediante su participación en ámbitos tan diversos como la cultura, el deporte, la medicina, la tauromaquia y la historia, son merecedores del recuerdo y la memoria del patrimonio local.

La elección de todas estas personas a las que se le dedicarán calles, plazas, monumentos, jornadas históricas o instalaciones municipales, ha dado respuestas a la sensibilidad de todos los grupos políticos que conforman el Ayuntamiento de Motril, así como a las demandas formuladas por los propios vecinos de la ciudad.

Deseamos de todo corazón que todos estos motrileños, sus familias y las generaciones venideras, sepan ver suficientemente recompensado por su pueblo las menciones con sus nombres de todos estos espacios, puesto que las calles y lugares por los que cada día transitamos entran a formar parte imborrable del imaginario colectivo y trascienden por siempre a lo largo de los años.

Todas estas distinciones son los ánimos y la energía con la que deseamos contagiar de ilusión a toda la ciudadanía para decirles que merece la pena luchar por Motril.

Merece la pena esforzarse y extenuarse si con ello podemos aportar nuestro granito de arena para que este sea un lugar mejor para vivir. Que la fraternidad, la solidaridad y la justicia sean lugares comunes en los que transitemos todos los motrileños para poder compartirlos y disfrutarlos.

Lo que nos une es siempre mucho mayor que lo que nos separa. Por eso la tolerancia debe actuar como un faro guía que arroje luz a todo el conjunto social y especialmente a nuestros jóvenes, tan necesitados en estos tiempos de creencias a las que asirse y motivos en los que encontrar esperanzas para subirse a este carro, que es la vida, con sus dificultades y sus alegrías.

En esa experiencia vital, administraciones, colectivos, empresas y personas tenemos una gran responsabilidad que es la de hacer posible una sociedad más próspera y ecuánime. Todos los días son una nueva oportunidad para reflexionar y mejorar, cada uno desde el ámbito que le toca, sobre cómo favorecer el entorno que le rodea.

El recientemente fallecido escritor Gabriel García Márquez señalaba que “Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez”. Reinventémonos si es necesario, peleemos por nuestro sueño, no nos quedemos anclados en el conformismo ni en la desidia, apostemos por lo auténtico, si es lo que deseamos, aunque nos la juguemos y tengamos que deshacernos de todo lo anterior.

Luchemos por esta vida, por este presente y el futuro que está por venir, porque estoy convencida desde el fondo de mis entrañas que este proyecto llamado Motril, vale la pena para seguir esforzándose.

 

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